Mercado, Estado Y Cárcel

Los mercados proponen e imponen. El estado dispone y se arma contra sus súbditos. Los súbditos claman con nostalgia por una vaga noción de ciudadanía. La regla de oro de la tasa de ganancia y su inseparable reverso –la explotación− engendran una variedad amorfa de monstruos tecnocráticos que, llegado el momento, no dudan en proponer muy racionales soluciones. A día de hoy, la pregunta es si el Leviatán neoliberal seguirá siendo capaz de aplicar soluciones cada vez más severas para asegurar una regla de oro cada vez menos factible. La cuestión es qué nivel máximo de desequilibrio entre crímenes estatal-corporativos –desde arriba− y criminalización selectiva –hacia abajo− puede alcanzarse en un statu quo de paz social, entendido este como el escenario de injusticia sostenible que aún no activa los recursos más extremos del estado de excepción. Durante décadas, el lazo español entre mercado, estado y castigo ha sido presidido por una masiva burbuja criminal inflada por la creciente tensión entre las políticas desde el delito impune y las políticas contra el delito –peor aún: mediante la hipercriminalización de las llamadas infraclases.

Las tendencias penales del neoliberalismo español evidencian una aguda esquizofrenia punitiva. La última reforma del Código Penal, que se discute en estos días, busca establecer las condiciones para una contracción del subsistema penitenciario en el contexto general de un refuerzo del sistema penal. Muchas de las reformas recientes están siendo aplicadas en un marco regulatorio administrativo –la expulsión de extranjeros pobres como sustitutivo de la cárcel es un ejemplo. Mientras se proyectan algunas medidas de “austeridad punitiva” –como una extensión de la libertad condicional que incluye más controles fuera de la cárcel y más posibilidades de reingreso−, la misma reforma da una vuelta de tuerca hacia el excepcionalismo mediante medidas como la “prisión permanente revisable”.

Por Daniel Jiménez

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