En menos de dos meses, al mismo penal, al mismo director y a la misma guardia se les murieron suicidados dos presos por malos tratos físicos y sicológicos.
Cinco días después de que lo retiraran de la celda en una tabla, y con una manta que lo cubría y se pegoteaba a su carne viva porque piel no le quedaba, Juan Carlos Moreno murió en el Hospital de Trelew, donde había sido trasladado por la gravedad de sus quemaduras. Estaba detenido en la Unidad 6 del Servicio Penitenciario Federal, en Rawson, a 1393 kilómetros de Lomas de Zamora, sede del juzgado que se supone que llevaba su caso. Para la fecha en que Moreno decidió quemar el colchón como protesta contra las torturas reiteradas, ya habría debido estar en libertad.

