El Euskera Intervenido En Prisión

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Imagínate que estás presa y que tienes la suerte ­o la desgracia ­de que tu lengua materna sea el euskera. Entre tu abogada y tú, además, la lengua normal de comunicación es también esta lengua montaraz que pocos entienden, sobre todo entre los guardianes al servicio de la seguridad del Estado.

Imagínate que desde que, en ejecución de una euroorden, te trasladaron al Estado español para cumplir condena, tu abogada, con su nombre y apellidos, ha acudido a cada una de las prisiones por las que has estado pululando, siempre lejos de tu gente querida.

Imagínate que después de recibir la primera visita de tu abogada a prisión, ese mismo día, le escribes una carta, la cierras por tratarse de correspondencia protegida por el secreto de las comunicaciones entre abogada y presa, ­que sólo se puede intervenir mediante orden judicial,­ y se la entregas al funcionario de turno, no sin antes explicarle por qué va cerrada y mostrarle la sacrosanta certificación de la Secretaría Judicial de la Audiencia Nacional que demuestra que la abogada, con nombre y apellidos, a la que diriges la misiva es, efectivamente, tu abogada.

Imagínate que te imaginas que esa carta le ha llegado ya a tu abogada. Pero, craso error, la Dirección de Seguridad de la prisión te hace llegar una comunicación mediante la que se te notifica que la carta que habías enviado a tu abogada había sido intervenida “por error” dado que la oficina de seguridad desconoce el euskera ­–en el destinatario de la carta habías puesto el nombre y apellidos de tu abogada y al lado “abokatua”– ­ y se te devuelve, con los sellos de “intervenida” en el cuerpo de la carta, para que la vuelvas a enviar haciendo constar que tu abogada es tu “abogada” en castellano.

Imagínate que interpones las quejas y los recursos pertinentes contra esa vulneración de tus derechos lingüísticos, apoyándote no sólo en la normativa estatal e internacional, sino en la evidencia de los hechos, de los datos que la cárcel ya tenía en el momento de intervenir esa carta y en la certeza de que el Estado, cuando lo ha necesitado para perjuicio de las ciudadanas vascas, ha echado mano de expertos en traducción para saber qué quiere decir un mensaje en euskera. Sin embargo, hasta ahora, todas las respuestas institucionales han evitado declarar que la intervención de la correspondencia haya sido una vulneración de derechos, amparando el presunto error de sus funcionarios de prisiones.

Si te imaginas todo esto es fácil que llegues a la conclusión de que el Estado español, lejos de respetar y proteger la singularidad de sus nacionalidades y regiones y riqueza de su patrimonio cultural, como le ordena su Constitución, en este caso ha encontrado subterfugios para, excusando en un hipotético error la vulneración de los derechos lingüísticos, humillar la identidad del preso, de su abogada y de su comunidad lingüística.

La realidad supera la ficción: lo que te has imaginado le ha sucedido a una presa vasca. Y esta situación tiene un origen cierto: la dispersión. Si esta persona estuviese cumpliendo condena en un centro penitenciario lo más próximo a su domicilio, una prisión de la Comunidad Autónoma Vasca, el Estado no podría excusarse en el error por desconocimiento: el euskera es oficial en la Comunidad Autónoma y la Oficina de Seguridad debería conocer el euskera.

Más de una podrá pensar, ­y quien escribe le apoyaría, ­que marcharse, en sentido colectivo, de un Estado que distingue a ciudadanos de primera y de segunda según los territorios de dónde proceda o la lengua que hable es la mejor idea.

Otras pelearán porque todas las lenguas con carácter de oficialidad en el Estado español puedan ser utilizadas por las personas privadas de libertad independientemente de la comunidad autónoma en la que estén cumpliendo condena.

Y no faltarán, entre todas las anteriores, las que, juntas, reivindiquen el fin de la dispersión como herramienta de política penitenciaria y el derecho al cumplimiento de las condenas en prisiones cercanas al lugar de residencia para todas las personas privadas de libertad.

Entre todas seguiremos tirando de aquí y de allá para que situaciones como ésta sean inimaginables en un estado de plena vigencia de los derechos humanos.

Artículo publicado en el periódico Diagonal

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