Crítica De «Modelo 77», Por Agustín Moreno Carmona, Participante En La COPEL Desde Sus Inicios

MODELO-77

Mi impresión fue de ambigüedad muy festiva.

En la reflexión Modelo 77 tiene datos de mucho interés y otros contrarios. Empezaremos por estos últimos.

Se comprende que el protagonista Manuel es un falso culpable, Pero solo hay uno. Cuando otros protagonistas manifiestan que “estamos presos por robar”, el guión toma un camino perverso, justificando los encarcelamientos por seguridad. Por ello el parlamento de la época negó la amnistía a los presos sociales, porque eran delincuentes comunes que “cometían delitos en la Dictadura y en el Estado de derecho”. Observamos que el poder legislativo homologó la Dictadura con la Democracia. Por lo tanto, la Dictadura no fue universal, solo afectó reparando a quienes tenían archivos, y no fue tiranía pcontra las persoanas más desamaparadas, las que carecían de archivos. El nuevo régimen borbónico eliminó a las víctimas injustificadamente, aplicando la presunción de culpabilidad de futuro a quienes la Dictadura etiquetó de preso común o delincuente: el más denigrante de los vestigios. Pero no estaba acreditado el delito por venir porque las víctimas del franquismo no habían salido de la cárcel y por ello no pudieron cometer delitos en la Democracia que desconocían. Esta parte del guión de “somos ladrones” es muy desafortunada. Ahora no es posible corregirlo, pero la información sí es de utilidad y por ello la facilitamos.

Hay una parte del guión que razona que los presos lo son por un sistema de leyes y tribunales injustos, que no logra velar el “estamos en la cárcel por robar” ante la inexistencia de falsos culpables numéricos. La producción de “Modleo 77” carecía de más información sobre la procedencia inicial de los presos. Procedían de las salas de tortura policiales y de los jueces franquistas que promocionaban, con toda la fuerza represiva del Estado, la falsa seguridad, para la promoción del régimen dictatorial. Para mejor ilustración, lo vemos en el texto aparte titulado “DENUNCIA”.

Hay suficiente documentación que acredita la falsificación industrial de positivos y la persecución de descendientes de republicamos porque eran la oposición política de futuro. Y empresarios que colaboraban con falsas denuncias. La “democracia” abrió nuevas cunetas para desaparecer a miles de víctimas.

La parte POSITIVA es la apertura al público actual de unos sucesos protagonizados por las víctimas de la dictadura desde el interior de las cárceles franquistas. Las imágenes de la COPEL, desde los motines incruentos y publicitarios desde los tejados de todas las cárceles españolas con identidad visibilizaron ante el mundo las víctimas. Una vez que el Estado controló a la COPEL por la entrada masiva de presos borbónicos toxicómanos que no luchaban, por medio de los historiadores y publicistas del nuevo régimen invisibilizó unas luchas espectaculares en el horizonte de los derechos humanos y las libertades públicas exigidas por los presos franquistas. En la película se aprecia a la organización humanitaria COPEL, pero no destaca su actividad política referente a la proposición de las diversas reformas políticas al mismo nivel de la Europa comunitaria. La parte política breve que asoma en la película es el hándicap para abir aún más esos sucesos históricos, valorando muy positivamente el esfuerzo de los creadores de “Modelo 77”.

La película está parcheada pr sucesos ocurridos en otros espacios carcelarios (ejemplo: doble fila de atormentadores de presos). Es muy meritorio concentrar sucesos veraces de la época en “Modelo 77” para que podamos comprender y valorar con plenitud de pedagogía histórica la unidad de la COPEL en el activismo social y democrático.

Esa insistencia gritando la palabra COPEL, reiterada en boca de los presos, es genial para fijarla en la memoria del público, ante el ocultamiento de la COPEL durante 43 años (no incluimos la información con menos trascendencia). La organización de presos COPEL peleó por el cambio, y su cambio, desde el lugar más difícil para luchar por las libertades públicas. La COPEL se ha integrado en la memoria histórica moderna y es de agradecer por las personas que lo vivieron desde intramuros y desde el exterior. Y para que las generaciones posteriores tengan el derecho de conocer los esfuerzos con sufrimientos por la convivencia de esas víctimas en la década de los años setenta del pasado siglo.

DENUNCIA

Es imposible saber las fechas de las detenciones durante el Franquismo. No existía registro de alta en los calabozos debido a la ausencia de controles independientes. Tanto la Policía política como la criminal mantenían a las personas presas en locales de tortura opacos, sin ingresarles en los departamentos de Policía Nacional que sí disponían de libro de ingresos con filiación. Esta arbitrariedad no era una excepción, más bien la organización general premeditada en las comisarías de Policía, cuarteles de la Guardia Civil y militares para la práctica de interrogatorios secetos y sin garantías. Es la misma práctica utilizada por la Inquisición que por medio de la brutalidad obtenía confesiones verdaderas o falsas. Por estar falsificada la voluntariedad de la víctima esa confesión forzada realmente pertenece a la policicía franquista o al inquisidor . Por no ser verdadera la voluntad de la víctima en una confesión contra sí misma cuando está sola, aislada e indefensa en locales coercitivos, sí podemos aseverar sin eror que la mano que mueve la rúbrica del subyugado pertenece a los representantes de l terrorismo de Estado. Quien no firmaba moría traumáticamente en el secuestro clandestino o su firma y confersión eran falsificadas.

Esta denuncia también representa a miles de familias y víctimas del franquismo que ocultó la infame Transición, víctimas que no pudieron integrarse en el nuevo Régimen porque fueron excluidas de las leyes de Amnistía y del nuevo orden constitucional surgido de la Transisición.

Las pruebas impropias obtenidas en secreto, sin declaración de derechos, sin conocimiento familiar del secuestro, sin Habeas Corpus, sin médico forense y sin firma de abogado, las utilizaban los jueces franquistas para condenar a gente vulnerable analfabeta y descendientes empobrecidos del republicanismo. Al primar la eficacia adquirida, que no la verdad, la Dictadura lograba reclutar industrialmente a falsos culpables para la autopromoción de su falsa seguridad.

Agustín Moreno Carmona

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