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OPINIÓN SOBRE ACTOS DE LA COPEL

Creo que en el texto titulado «Pros y contras de ‘Modelo77′» hay una dureza excesiva sobre los compañeros confinados en El Dueso en 1978. No es la primera vez que soy comprensivo con la actitud asamblearia que tomaron los nuestros. Son varios los factores que concurrían en esas fechas para quienes constituían el más importante motor humano de los prisioneros en lucha tomaran estratégicamente otros compromisos en las peleas carcelarias. Al desaparecer las principales referencias de los activos en las cárceles provinciales (y penales), quedaron pequeñas fuerzas desorientadas, con difíciles iniciativas, porque las personas no son un programa, la proyección mimética, sino una incertidumbre por el vaciamiento de las luchas que realizó el estado. A primeros de 1978 entraban en las cárceles bocanadas de presos de otro sistema, la mayoría toxicómanos. Los reductos copelianos vivían una situación paenitenciaria nueva. Había mucha soledad creada por la incertidumbre en esos medios coercitivos. Las bazas del estado fueron el confinamiento estricto de la mayor fuerza de la lucha, el despliegue tóxico en las barriadas poblacionales, y las esperanzas del cambio del régimen interior por una personalidad que en  la época estaba avalada por los abogados cómplices de COPEL. Había extenuación psicológica. Los confinados habían recibido múltiples apaleamientos. Tanto el cuerpo como la psicología tienen un límite en el violento estrés recibido y que se vivía. Las personas no son de acero, intentan evitar nuevos sufrimientos intensivos. Soy comprensivo con las decisiones de la lucha menor, que no anulada, tomadas asambleariamente por los compañeros. Nunca iría en contra de los nuestros, porque no tenemos relevos y porque nos hemos partido el pecho a descubierto. No hay forma de clonar luchadores que no respiren.

En febrero de 1977 viramos radicalizando las luchas. Nos forzaron las circunstancias. Un año y pico después hemos tenido otro viraje forzados por los nuevos acontecimientos. Es más importante no perder los proyectos políticos anticarcelarios para no perdernos en los ambientes de la insensibilidad abismal.

También comprendemos que haya alguna excepción disconforme y que lo manifieste. Nada nuevo donde no existe dios.

Agustín Moreno Carmona

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PROS Y CONTRAS DE “MODELO 77”

Quiero explicar, antes de nada, mi relación con la COPEL. En la segunda mitad de los años 70, estando todavía en la calle, en Valencia, yo participaba en unos grupos autónomos que hicimos, entre otras cosas, algunas acciones violentas, varias de ellas en apoyo de la lucha de los presos, que para nosotros, en aquel momento, era una de las batallas decisivas del proletariado salvaje contra el Estado. En varias ocasiones, coordinándonos entre diferentes grupos de barrio, incendiamos con cócteles molotov seis, ocho, diez bancos a la vez, el mismo día a la misma hora, coincidiendo con algún motín en la cárcel u otro acontecimiento de la lucha anticarcelaria. También hicimos estallar algún artefacto explosivo, en el Tribunal Tutelar de Menores, por ejemplo, y en algún otro juzgado. Nos coordinábamos también con grupos de Madrid y Barcelona que hicieron igualmente cocteladas, pusieron petardos en reformatorios y juzgados, atacaron la cárcel Modelo de Barcelona con granadas de mano, ametrallaron comisarías…

Frecuentábamos un centro social autogestionado, asambleario, que estaba en el barrio de Orriols, donde había un “comité de apoyo a COPEL”. Participábamos en las manifestaciones por la amnistía, gritando, aquello de “amnistía total”, “presos a la calle”, “comunes también” o, incluso, “políticos también”; repartíamos algún panfleto, hacíamos alguna publicación, poníamos una paraeta o distri en el centro con material en apoyo de COPEL; organizábamos alguna charla, algún concierto; colaborábamos en fugas, ayudábamos a fugados y perseguidos…

Cuando caímos presos cuatro compañeros, en enero del 78, nuestro mayor afán era encontrarnos con los presos en lucha, participar en COPEL. Nos metieron de dos en dos en galerías distintas y nos pusimos en huelga de hambre para que nos trasladaran a todos juntos a la cuarta galería, donde estaban los compañeros más combativos. Estuvimos sin comer alrededor de un mes y, finalmente, nos llevaron a la cuarta, donde pudimos unirnos a la lucha colectiva, que era lo único que hacía falta para “ser de COPEL”, porque, en realidad, entonces, nadie “pertenecía” a COPEL, sino que era la COPEL la que pertenecía a los presos en lucha. Eso fue en marzo. En febrero, había habido una conducción represiva de quinientos supuestos miembros de COPEL al penal de El Dueso, porque en enero había arreciado la oleada de motines y autolesiones colectivas que duraba desde julio del 77 y que se había ido intensificando, sobre todo alredeor de octubre, cuando se decretó la última amnistía, verdadera “ley de punto final” que exoneraba a los agentes de la autoridad franquista que hubieran cometido crímenes en el ejercicio de sus funciones, pero a ningún preso social, y, después, alrededor de la propuesta de indulto promovida por Bandrés y Xirinachs, apoyada por un pequeño grupo de senadores y rechazada finalmente el 10 de febrero. El 13 de marzo, los carceleros de Carabanchel torturaron hasta la muerte a nuestro compañero Agustín Rueda, participante en un grupo autónomo en la calle y en la COPEL dentro, igual que nosotros, y el 22, los GRAPO ejecutaron en represalia a Jesús Haddad, director general de prisiones.

En abril, tomó posesión de ese puesto Carlos García Valdés, abogado supuestamente progresista, experto en “penitenciarismo”, profesor y penólogo reformista, ponente del proyecto de nueva ley penitenciaria que se estaba tramitando. Enseguida, hizo una gira por las cárceles para “dialogar” sobre el terreno con carceleros y presos, empezando por El Dueso, donde los compañeros de COPEL allí secuestrados habían salido de aislamiento por orden suya. También vino a Valencia, donde algunos de nosotros participamos en la comisión que fue a hablar con él, como fingidos negociadores, pues se había iniciado oficialmente la etapa de la llamada “cogestión” y nosotros habíamos decidido, como muchos compañeros en todas las cárceles del Estado, simular que participábamos en ella, para despistar a los carceleros, mientras seguíamos intentando fugarnos. Así que, con otros doce compañeros y apoyados por nuestra gente en la calle, habíamos iniciado un túnel en la cuarta galería de La Modelo de Valencia.

Poco después, llegó un “comunicado” de El Dueso, firmado por unos supuestos “dirigentes” de COPEL que decían ser la “vanguardia” de la lucha, “desbordada ─según ellos─ por el desmadre y el caos”. Propugnaban un aplazamiento de la reivindicación del indulto y un “voto de confianza” a García Valdés “a la espera de que cumpla todas las promesas que nos hizo, ya que en principio nos parece un hombre honesto, con buena voluntad de hacer profundos cambios en el sistema penitenciario del Estado”. Mandaron también una “lista de reivindicaciones generales para todas las prisiones” y unas “reglas de convivencia de los estatutos de la COPEL”, y prometían enviar pronto esos “estatutos” dictados por ellos. En otro comunicado posterior, donde se convocaba una huelga de hambre general para el 10 de mayo, se hablaba de dejar para situaciones extremas los medios de lucha violentos, como motines e incendios, y de emplear sólo “medios pacíficos”, como huelgas de hambre y autolesiones. En la cuarta de La Modelo de Valencia, rechazamos el contenido de esos comunicados y juramos que, si nos pillaban el butrón, le prenderíamos fuego a la cárcel. Y eso fue lo que pasó el 10 de junio, que nos subimos al tejado y le prendimos fuego a la cárcel, porque el 2 de junio se habían fugado 45 presos de La Modelo de Barcelona (en 1978 se fugaron 175 presos) y García Valdés, que ya había dictado el 31 de mayo una circular abriendo la mano a los malos tratos, dictó otra el 6 de junio exigiendo a los carceleros que cumplieran intensamente su obligación de hacer cacheos y requisas periódicas. Y cayó nuestro túnel.

En julio, hubo motines en Málaga, donde le pegaron al director, y en Badajoz, que fue incendiada. El 15 de junio de 1978, Carlos García Valdés había cursado a todos los directores de cárceles una orden telegráfica donde se instauraba un régimen especial de “vida mixta” para los presos que continuaran rebelándose o intentando fugarse y ordenaba su traslado a los departamentos celulares de Ocaña, Burgos, El Puerto de Santa María, Cartagena o El Dueso, y el 24 de julio, dictó una circular donde desarrollaba el diseño de ese nuevo régimen especial de castigo, reimplantaba la censura de la correspondencia y limitaba la “cogestión”. A lo largo de lo que quedaba de 1978, alrededor de 1000 presos, al menos uno de cada diez del total, fueron trasladados en conducciones fantasma a esos departamentos celulares y sometidos a un régimen de aislamiento de 23 horas y media al día encerrados en la celda, restricción, intervención y censura de comunicaciones y brutal intimidación, ya que en los celulares estaban los antidisturbios y la violencia contra los presos era el pan de cada día. La ceremonia de bienvenida consistía en hacerte atravesar los corredores del celular en medio de una doble fila de maderos y boqueras que hacían llover sobre ti un chaparrón de patadas, puñetazos y porrazos, bastante más violento de lo que muestra la película, con alguna parada para hacerte desnudar, darte unos cuantos porrazos extra y enseñarte “lo que vale un peine”, gritándote en la cara que no estabas en la provincial de donde venías, sino en el penal que fuera, y todo lo que tenías que hacer y no hacer mientras estuvieras allí, o bien, una vez en la celda, lo que te esperaba si te pillaban sentado en la cama, hablando con los compañeros por la ventana o si les mirabas cuando abrieran la puerta y no te ponías al fondo enseñando las manos abiertas. Por en medio de aquel “pasillo” de antidisturbios y carceleros con sus porras tenías que pasar cada vez que salías de la celda y, si no querías salir, iban a buscarte allí y te daban tu ración.

En junio de 1979, se inauguró la cárcel de Herrera de la Mancha, una de las primeras de una tanda de trece que se construyeron, para empezar, según el diseño “modular” idóneo para aplicar los nuevos régimen y tratamiento instaurados por García Valdés en la nueva ley penitenciaria que aún se estaba discutiendo en las Cortes. Pero la de Herrera era una cárcel especial, destinada a “terroristas” y a presos “especialmente peligrosos”, de estructura y funciones inspiradas en las “cárceles de alta seguridad” americanas y alemanas. Allí fueron a parar una selección de los que estaban en los celulares (la decimatio de la decimatio) que incluía, por ejemplo, a los testigos del asesinato de Agustín Rueda, a quienes se obligó torturándoles a desdecirse. El régimen imperante combinaba las técnicas de control, condicionamiento y tortura blanca más modernas y sofisticadas con los viejos y brutales métodos franquistas que hemos descrito más arriba. Un proceso sistemático de tortura y humillación, de mayor a menor crueldad, en el que ibas pasando, según el nivel de deterioro, sumisión y derrota que fueras alcanzando, por tres módulos diferentes, cada uno un poco menos duro, en una especie de representación concentrada y sádica del sistema gradual preconizado por la reforma de “Don Carlitos de La Mancha”, hasta que conseguías salir de allí, después de mucho tiempo, destrozado física y mentalmente. ¿Reinserción? ¿Era este el “espíritu de la reforma”?

En la película, se dice varias veces que “la COPEL ha muerto”. Habría que ver si eso sucedió o no y, si pasó, reflexionar sobre el cómo, el cuándo y el porqué. Pero de lo que no cabe duda es de que la lucha tuvo que continuar, con COPEL o sin COPEL, prácticamente hasta hoy, porque los motivos para ello han seguido vigentes e incluso han aumentado. Y tampoco cabe duda de que la COPEL fue una buena herramienta de lucha mientras pudo serlo, pero no la lucha misma. Porque, al avalar a García Valdés, dejó de ser nuestra en un momento decisivo, para convertirse, aunque fuera momentáneamente, en un instrumento de la astuta política pacificadora del nuevo director general. Después, con la tremenda represión de los años 78 y 79, ya no se pudo recuperar la iniciativa, porque todos estábamos en los celulares o en Herrera, y las cosas habían cambiado mucho en las cárceles, también bajo la influencia de otros factores, como la aplicación del «principio de bifurcación» en el nuevo sistema gradual de clasificación y distribución de «recompensas» y castigos, la irrupción de la heroína y el desplazamiento de la generación de los copelianos por una nueva, motivada diferentemente, por la toxicomanía, sobre todo.

En cuanto a “Modelo 77”, hay que reconocer que sus guionistas se han currado muy bien lo simbólico, construyendo una especie de mito, narrado siempre desde el punto de vista de los presos y, por lo tanto, anticarcelario, sin dejar de denunciar en todo momento la cárcel como tortura y la tortura en la cárcel. Así, pues, resulta algo así como una parábola antipunitivista, muy bien pergeñada. Gracias, en primer lugar, al magistral tratamiento que hace de lo que se puede considerar el personaje principal de la película, la cárcel Modelo de Barcelona, el monstruo que se ha tragado a todos los demás personajes y que parece metabolizarlos, aunque le produzcan un cólico de vez en cuando con su agitación, magníficamente fotografiada (La Modelo), desde dentro, desde fuera y aún en sus entrañas. Gracias igualmente al buen arte narrativo de sus autores, que logran expresar personajes verdaderamente arquetípicos: como el abogado de oficio; el personal de la cárcel (director trapacero, siniestro jefe de servicios, varios tipos de asquerosos boquerones…); y los presos, cada uno un mundo y todos pertenecientes al mismo inframundo popular, el del proletariado más desposeído, aunque se echa en falta una forma de hablar más verosímil, ya que el argot de la época está casi ausente. Consiguen pintar también situaciones fuertemente emblemáticas, como el ingreso de Manuel, la paliza en período y otras, la autolesión colectiva, el motín, la fuga, la salida, la relación amorosa a través de afectuosas cartas e inmundos locutorios, la amistad entre los dos protagonistas, la discreta solidaridad y salvífico sentido del humor del Negro, etc.

Pero la consideración más racional, reflexiva, crítica, salvo algún impresionante discurso de Pino, brilla por su casi total ausencia, y se diría que los guionistas son acólitos de Fukuyama o de Lyotard y que para ellos la historia ha terminado. Así que no hay pasado, ni presente, ni futuro, sino que parece que todo sucede en una situación distópica, como en “El cuento de la criada”. Así que, a mi parecer, el peor defecto de la película es la deshistorización que efectúa del relato de los acontecimientos relacionados con COPEL. Al seleccionar los sucesos más espectaculares, más cinematográficos, y amalgamarlos en la ficción narrativa, rompe la cronología viva de la lucha de los presos, que nunca perdió su concordancia conflictiva con el contexto general, cortando, por omisión o por distorsón, su conexión con los demás acontecimientos decisivos del período de la Transacción “democrática”, con lo cual despolitiza también el relato de diversas maneras.

Por ejemplo, el tema de la amnistía y el indulto lo distorsiona, confundiendo una cosa con otra, olvidando la profunda vinculación de la lucha de los presos sociales con la lucha por la amnistía total en la calle y borrando su relación, no con los presos políticos “demócratas”, sino con los llamados “terroristas”: grapos, etarras, autónomos y anarquistas, relación que, de hecho, fue muy intensa y significativa, y de la que forma parte, por ejemplo, la historia del asesisnato de Agustín Rueda.

Suprime toda referencia al resto de las reivindicciones de los presos en lucha (derogación de la Ley de Peligrosidad Social, depuración de carceleros fascistas, reforma del código penal, etc.) y a la costumbre de la elaboración dialogada de tablas reivindicativas que constituyen verdaderos y exhaustivos análisis de la situación penal y penitenciaria y una crítica política del poder punitivo del Estado sumamente radical, relevante y oportuna, sobre todo en aquel momento histórico.

Elimina también la conexión con las luchas obreras y vecinales, con el movimiento asambleario, cuya memoria ha sido más reprimida aún que la de la lucha de los presos. Y por el mismo agujero hacia la nada se va la peculiaridad organizativa de la COPEL y de todo el movimiento anticarcelario del momento: una forma distinta de autoconstituirse un sujeto plural, una comunidad de lucha basada en el respeto por la autonomía de los individuos y de los pequeños grupos, en la coordinación horizontal entre ellos, en la acción directa, el apoyo mutuo, la solidaridad y la autoorganización colectiva. Nada parecido a un sindicato ni a un movimiento de masas dirigido por una vanguardia, por unos líderes.

Desaparece asímismo, no el apoyo, sino la participación en un mismo movimiento de una gran cantidad de abogados sinceramente radicales; de muchos individuos y grupos libertarios y autónomos; de los comités de apoyo a COPEL, surgidos en los barrios obreros; y, sobre todo, de AFAPE (la Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Ex presos), en acción antes de que existiera la COPEL y fundamental en su surgimiento, así como de otras agrupaciones de familiares y amigos.

De esta manera, la historia de la COPEL queda casi totalmente descontextualizada histórica y políticamente y la relación de los hechos con el franquismo y su democratización se vuelve sumamente vaga, meramente simbólica. Y así es como pierde también la conexión con las cárceles actuales y con la lucha contra ellas. Porque, en la multitud de luchas que ha habido de entonces a hoy por vulneraciones similares y a veces peores de lo debido a un ser humano, se ha utilizado con frecuencia, por ejemplo, el recurso de las tablas reivindicactivas analíticas y, al mismo tiempo, emblemáticas de la crueldad del sistema carcelario; o las acciones expresivas, simbólicas, que contenían simultáneamente una propuesta táctica y un planteamiento estratégico, como las subidas a los tejados, las autolesiones o el fuego. En las luchas más recientes, esa referencia implícita a la COPEL ha estado a menudo presente y hasta se ha hecho explícita algunas veces. Y en las luchas de los familiares y amigos de quienes ha habido en los últimos años varios intentos de autoorganización, así como en su conexión viva con lo que sucede dentro, han estado presentes AFAPE y aquella comunidad de lucha en la que participaban, no sólo los presos y sus familiares y allegados, sino también otros colectivos, como tiende a suceder ahora, a pesar de las dificultades.

Además, no olvidemos que la política penitenciaria del Estado español y la mayor parte de sus medidas se han centrado en hacer lo necesario para impedir que se vuelva a formar una comunidad de lucha como aquella, desarrollándose a través de la represión de todos los intentos de hacerlo. Y que la Ley Orgánica General Penitenciaria de Carlos García Valdés, que defendió abiertamente la tortura y a los torturadores cuando se supo lo que estaba sucediendo en la cárcel de castigo y tortura de Herrera de la Mancha, mientras se estaba terminando de aprobar aquélla en las Cortes, todavía está en vigor, cuando fue y sigue siendo un instrumento de deslegitimación de la lucha social de los presos y de legitimación de su represión, y de legalización encubierta de la tortura, por cuyo empleo optó por entonces la mal llamada “democracia” española y continúa haciéndolo. Y siendo su hipócita concepto regenaracionistta de la reinserción de los “delincuentes” presos, en la miserable práctica de la administración carcelera, un proceso de degradación, debilitamiento subjetivo y muerte, demasiado a menudo, de sus víctimas.

Por último, hay que reconocerle a la película, a pesar de lo dicho, su toma de partido en el presente cuando, en la escena de la paliza que le da Manuel al repugnante boqueras abusón, perseguidor y torturador, alude quizás al cinismo de las organizaciones corporativas de los guardias que, con apoyo de los grandes medios de incomunicación, de la clase política y hasta del gobierno de izquierdas, se presentan como víctimas y piden que se les reconozca, aplauda y recompense por la funesta, cruel y antihumana función que realmente cumplen y por su sucia manera de hacerlo.

Desde luego que no pretendemos que una película pueda sustituir la reflexión histórica o la acción política y social, ni tampoco que tenga que hacerlo, pero, siendo nuestro principal interés político (o mejor dicho, antipolítico) la abolición del régimen de dominación y explotación imperante, Estado y Capital y, por tanto, de la cárcel, del sistema penal, del poder punitivo y la cultura correspondiente, ¿cómo no íbamos a juzgar esta película, que trata de un hecho tan político en ese mismo sentido como el intento autoorganizado de contarrestar y abolir siquiera momentáneamente ese poder de castigo, represión y condicionamiento, para liberar a quienes los estaban sufriendo, con esos mismos criterios históricos y políticos?

Es cierto que la mentira más eficaz es la que más se parece a la verdad, que “en un mundo realmente invertido lo verdadero es un momento de lo falso”, que estamos hablando de un arma de doble filo o, más aún, con filo en el mango, y que tratándose de un arma mental podría llegar a a causar algún tipo de lobotomía. Pero quizá podamos aprovechar de algún modo que la industria del cine española haya decidido poner a la COPEL, las cárceles y la justa lucha contra ellas en la agenda espectacular, aceptar el desafío para intentar hacer oír nuestras matizaciones y procurar que se vea que las macrocárceles actuales y toda la maquinaria social de la que son la pieza nuclear están perpetuando la tortura y los tratos crueles y degradantes, con actos de violencia cotidianos contra la gente presa; con un régimen de castigo especialmente destructivo; traslados arbitrarios y deasarraigantes; abandono médico, retención hasta la máxima proximidad de la muerte de enfermos incurables, encarcelamiento de enfermos mentales, administración abusiva de fármacos; manipulación arbitraria y restrictiva de comunicaciones, permisos de salida y libertades condicionales; dos tipos de cadena perpetua, la legal y la encubierta; indefensión jurídica de la gente presa y de sus familiares; rapaz explotación laboral; discriminación por género, raza, procedencia territorial y condición económica; privación cultural y educativa; supresión de las libertades de información, expresión y asociación; mortalidad excesiva por “suicidio”, sobredosis y enfermedad grave.

Y, compañerxs, la historia no ha terminado, todavía es posible y necesario que nos hagamos cargo de la catástrofe capitalista y de sus efectos destructivos, para ponerles fin, no para administrarlos. Y eso es imposible si no aprendemos a autoconstituirnos de infinitas maneras en sujeto colectivo, político, social e histórico. O, más bien, en una pluralidad de subjetividades, con diferente alcance cuantitativo y cualitativo y diferentes perspectivas, capaces de coordinarse horizontal y creativamente en cada tarea necesaria o deseable y desaparecer cuando ya no sean útiles. De eso fueron buenos ejemplos la COPEL, los grupos autónomos o el movimiento asambleario. ¿Quién dice que ya no podemos hacerlo? De hecho, algunos grupos pequeños o mayores de presos, familiares, amigos o militantes anticarcelarios lo han estado intentando una y otra vez hasta ahora. Y, por ejemplo, mientras se estrenaba la película, una plataforma que agrupa a las familias de catorce personas fallecidas recientemente en la cárcel convocó con éxito una concentración ante la Secretaría General carcelera, a la que los sindicatos de boqueras han respodido querellándose por calumnias e injurias contra una de las familias, que ha perdido hace muy poco a uno de sus miembros, en poder de la administración carcelera, y se ha movilizado sin cesar durante un mes para denunciarlo. Es con esta gente con la que tenemos que encontrarnos para aprender a ejercer nuestra libertad comprendiendo directamente nuestras necesidades. ¡Unámonos y cerremos filas los enemigos del poder punitivo, para defendernos de la inversión de la verdad sobre lo que sucede en las cárceles que están imponiendo sus beneficiarios, mientras continúan degradándonos, torturándonos, matándos y lucrándose con ello!

Fernando Alcatraz

Actividad en la calle Vagos y maleantes


Entrevistamos a cinco compañeros que participaron en la COPEL para preguntarles su opinión sobre la película «Modelo 77».

Vagos y maleantes Radio: Tokata Y Fuga

MODELO-77

Mi impresión fue de ambigüedad muy festiva.

En la reflexión Modelo 77 tiene datos de mucho interés y otros contrarios. Empezaremos por estos últimos.

Se comprende que el protagonista Manuel es un falso culpable, Pero solo hay uno. Cuando otros protagonistas manifiestan que “estamos presos por robar”, el guión toma un camino perverso, justificando los encarcelamientos por seguridad. Por ello el parlamento de la época negó la amnistía a los presos sociales, porque eran delincuentes comunes que “cometían delitos en la Dictadura y en el Estado de derecho”. Observamos que el poder legislativo homologó la Dictadura con la Democracia. Por lo tanto, la Dictadura no fue universal, solo afectó reparando a quienes tenían archivos, y no fue tiranía pcontra las persoanas más desamaparadas, las que carecían de archivos. El nuevo régimen borbónico eliminó a las víctimas injustificadamente, aplicando la presunción de culpabilidad de futuro a quienes la Dictadura etiquetó de preso común o delincuente: el más denigrante de los vestigios. Pero no estaba acreditado el delito por venir porque las víctimas del franquismo no habían salido de la cárcel y por ello no pudieron cometer delitos en la Democracia que desconocían. Esta parte del guión de “somos ladrones” es muy desafortunada. Ahora no es posible corregirlo, pero la información sí es de utilidad y por ello la facilitamos.

Hay una parte del guión que razona que los presos lo son por un sistema de leyes y tribunales injustos, que no logra velar el “estamos en la cárcel por robar” ante la inexistencia de falsos culpables numéricos. La producción de “Modleo 77” carecía de más información sobre la procedencia inicial de los presos. Procedían de las salas de tortura policiales y de los jueces franquistas que promocionaban, con toda la fuerza represiva del Estado, la falsa seguridad, para la promoción del régimen dictatorial. Para mejor ilustración, lo vemos en el texto aparte titulado “DENUNCIA”.

Hay suficiente documentación que acredita la falsificación industrial de positivos y la persecución de descendientes de republicamos porque eran la oposición política de futuro. Y empresarios que colaboraban con falsas denuncias. La “democracia” abrió nuevas cunetas para desaparecer a miles de víctimas.

La parte POSITIVA es la apertura al público actual de unos sucesos protagonizados por las víctimas de la dictadura desde el interior de las cárceles franquistas. Las imágenes de la COPEL, desde los motines incruentos y publicitarios desde los tejados de todas las cárceles españolas con identidad visibilizaron ante el mundo las víctimas. Una vez que el Estado controló a la COPEL por la entrada masiva de presos borbónicos toxicómanos que no luchaban, por medio de los historiadores y publicistas del nuevo régimen invisibilizó unas luchas espectaculares en el horizonte de los derechos humanos y las libertades públicas exigidas por los presos franquistas. En la película se aprecia a la organización humanitaria COPEL, pero no destaca su actividad política referente a la proposición de las diversas reformas políticas al mismo nivel de la Europa comunitaria. La parte política breve que asoma en la película es el hándicap para abir aún más esos sucesos históricos, valorando muy positivamente el esfuerzo de los creadores de “Modelo 77”.

La película está parcheada pr sucesos ocurridos en otros espacios carcelarios (ejemplo: doble fila de atormentadores de presos). Es muy meritorio concentrar sucesos veraces de la época en “Modelo 77” para que podamos comprender y valorar con plenitud de pedagogía histórica la unidad de la COPEL en el activismo social y democrático.

Esa insistencia gritando la palabra COPEL, reiterada en boca de los presos, es genial para fijarla en la memoria del público, ante el ocultamiento de la COPEL durante 43 años (no incluimos la información con menos trascendencia). La organización de presos COPEL peleó por el cambio, y su cambio, desde el lugar más difícil para luchar por las libertades públicas. La COPEL se ha integrado en la memoria histórica moderna y es de agradecer por las personas que lo vivieron desde intramuros y desde el exterior. Y para que las generaciones posteriores tengan el derecho de conocer los esfuerzos con sufrimientos por la convivencia de esas víctimas en la década de los años setenta del pasado siglo.

DENUNCIA

Es imposible saber las fechas de las detenciones durante el Franquismo. No existía registro de alta en los calabozos debido a la ausencia de controles independientes. Tanto la Policía política como la criminal mantenían a las personas presas en locales de tortura opacos, sin ingresarles en los departamentos de Policía Nacional que sí disponían de libro de ingresos con filiación. Esta arbitrariedad no era una excepción, más bien la organización general premeditada en las comisarías de Policía, cuarteles de la Guardia Civil y militares para la práctica de interrogatorios secetos y sin garantías. Es la misma práctica utilizada por la Inquisición que por medio de la brutalidad obtenía confesiones verdaderas o falsas. Por estar falsificada la voluntariedad de la víctima esa confesión forzada realmente pertenece a la policicía franquista o al inquisidor . Por no ser verdadera la voluntad de la víctima en una confesión contra sí misma cuando está sola, aislada e indefensa en locales coercitivos, sí podemos aseverar sin eror que la mano que mueve la rúbrica del subyugado pertenece a los representantes de l terrorismo de Estado. Quien no firmaba moría traumáticamente en el secuestro clandestino o su firma y confersión eran falsificadas.

Esta denuncia también representa a miles de familias y víctimas del franquismo que ocultó la infame Transición, víctimas que no pudieron integrarse en el nuevo Régimen porque fueron excluidas de las leyes de Amnistía y del nuevo orden constitucional surgido de la Transisición.

Las pruebas impropias obtenidas en secreto, sin declaración de derechos, sin conocimiento familiar del secuestro, sin Habeas Corpus, sin médico forense y sin firma de abogado, las utilizaban los jueces franquistas para condenar a gente vulnerable analfabeta y descendientes empobrecidos del republicanismo. Al primar la eficacia adquirida, que no la verdad, la Dictadura lograba reclutar industrialmente a falsos culpables para la autopromoción de su falsa seguridad.

Agustín Moreno Carmona

Vagos y maleantes

Una visión parcial e interesada que forma parte del blanqueamiento del periodo mal llamado Transición. Una perspectiva falsamente «objetiva» de la lucha por la amnistía de los presos sociales, donde se finge mantener la equidistancia dando, de hecho, mucho mayor peso a la versión oficial. Además de a César Lorenzo, autor de «Cárceles en llamas; el movimiento de presos sociales en la Transición», a la hermana de Agustín Rueda y a varios compañeros que participaron en su día en la COPEL, de alguno de los cuales se ha reproducido sin su permiso parte de lo dicho en el documental «COPEL, una historia de rebeldía y dignidad», da voz a los carceleros, a un mando de la policía antidisturbios, a un ministro del Interior y a dos directores generales de prisiones, uno de ellos Carlos García Valdés quien, después de engañar a la COPEL con su proyecto reformista, fue el responsable de la brutal represión contra cientos de presos en lucha a partir de 1978, de las torturas de Herrera de la Mancha y de la falaz, manipuladora y arteramente represiva ley orgánica general penitenciaria de 1979, todavía en vigor, donde se legalizan de hecho la tortura impune, el régimen especial de máxima crueldad y la degradación disfrazada de «tratamiento». También habla mucho un jurista de instituciones penitenciarias, premiado por la secretaría general carcelera por un estudio apologético de su ley orgánica, que empezó como carcelero, ejerciendo esa miserable profesión durante muchos años, y publicó el año pasado un libro llamado «Concordia en las Cortes y violencia en las cárceles: la Transición penitenciaria española» que habrá que leer para ver como tergiversa la historia de la lucha de los presos sociales contándola desde el punto de vista de los carceleros y apoyándose en el acceso a la documentación oficial y oficiosa que la SGIP no deja ver a ningún investigador independiente. Lo mismo que los periodistas serviles que han realizado este programa pueden echar mano del enorme depósito de materiales de la radio-televisión pública que a quien no sea funcionario de la casa le costaría un ojo de la cara poder utilizar. Desde luego, una visión de quienes formaron parte de la lucha la tienes en el documental «Copel  una historia de rebeldía y dignidad». Dejamos en el reproductor el contenido del programa «Documentos RNE», sobre COPEL, emitido el 18 de marzo de 2022. También reproducimos su presentación y dejamos el enlace al programa. Y en los dos del final del todo puedes encontrar algo de información sobre la COPEL vista desde abajo.

https://www.rtve.es/play/audios/documentos-rne/copel-transicion-presos-comunes-18-03-22/6452261/

Durante la dictadura franquista, los presos, tanto políticos como comunes, sufrían las consecuencias de una legislación anticuada y represiva. La Transición tuvo que abordar el cambio hacia un sistema penitenciario que se ajustara a la Constitución, en el que la reinserción social de los reclusos primara sobre el castigo, y en el que se superaran las graves deficiencias de las prisiones.

En ese tiempo, los presos comunes agrupados en la Coordinadora de Presos en Lucha, COPEL, iniciaron su movimiento particular. Su gran reivindicación fue lograr una amnistía similar a la que se estaba concediendo a los presos políticos. Junto a ella figuraban otras reivindicaciones como la depuración de jueces y funcionarios de prisiones o la mejora de las condiciones de vida.

El punto de inflexión se produjo en la conocida como la batalla de Carabanchel: un motín el 18 de julio de 1977 y en el que cientos de presos permanecieron cuatro días en el tejado de la prisión. Desde entonces, motines, incendios, huelgas de hambre y autolesiones, fueron noticia casi a diario.

La tensión llegó al límite el 14 de marzo de 1978, cuando el militante de la COPEL Agustín Rueda murió a consecuencia de la paliza propinada por algunos funcionarios en Carabanchel. El día 22, los GRAPO asesinaron al director general de Instituciones Penitenciarias, Jesús Haddad, con el que se había iniciado un cambio de rumbo para pacificar las cárceles.

Su sucesor, Carlos García Valdés, llevó a la práctica esas líneas de actuación. Atendió algunas de las reivindicaciones de los presos: permisos de salida, visitas vis a vis, traslado de presos al régimen de segundo o tercer grado cuando era posible, etc. Aunque hubo algún episodio espectacular, como la fuga de 45 presos de la cárcel Modelo de Barcelona, el 2 de junio de 1978, las cárceles se fueron pacificando. Además, el apoyo social a la COPEL se esfumó en un país cada vez más preocupado por la inseguridad ciudadana y el orden público.

En septiembre de 1979, el rey sancionó la Ley General Penitenciaria, la primera ley orgánica de la democracia, prueba de la importancia que las cárceles habían adquirido en los últimos dos años. La transición penitenciaria en España se consolidó y, aunque seguiría habiendo algunos motines y huelgas de hambre, la situación en las cárceles sería ya distinta.

Más información sobre la COPEL en Tokata

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Vagos y maleantes

Entrevistamos a Agustín Moreno Carmona, que estuvo preso durante 16 años, una gran parte de ellos en pleno franquismo, sufriendo, después de la tremenda persecución política contra su familia, encarcelamiento arbitrario por la ley de peligrosidad social, torturas en comisarías y cárceles, condenas sin garantía alguna, marginación, discriminación y otros abusos, a los que se enfrentó participando en la lucha colectiva de los presos sociales y en la COPEL, cuya actividad continúa hoy en día, reivindicando por medio de huelgas de hambre y sed, autolesiones y otras acciones, en las calles de Don Benito (Badajoz), a sus 74 años, una jubilación digna, que le correspondería si, cumpliendo la ley, se le reconocieran las cotizaciones a la seguridad social por los años pasados en las cárceles, así como una indemnización justa por las injusticias padecidas a manos del Estado español.

Actividad en la calle Radio: Tokata Y Fuga Vagos y maleantes

La tesis doctoral de Eduardo Parra Iñesta examina la historia, entre 1979 y 1990, de la cárcel de Herrera de la Mancha, la primera prisión de máxima seguridad construida por el Estado español, donde tuvo lugar la aplicación primaria de la reforma penitenciaria de 1979, constituyendo una especie de prototipo del régimen gradual y del sistema modular que se instauraba entonces y aún está en vigor, especialmente, de sus aspectos más violentamente punitivos. La tesis se articula en tres partes. En la primera, se hace una aproximación metodológica a la historia de la prisión, a sus usos históricos y a la mencionada reforma penitenciaria, tomando la construcción de Herrera de la Mancha como eje central. En la segunda, se cuenta la historia, en esos once años, de esta cárcel de tortura y castigo, desde la perspectiva de los tres principales colectivos de presos –sociales, de GRAPO y de ETA– que la sufrieron. En la tercera parte, se atiende a la memoria de quienes vivieron esa historia y a su significado más allá del ámbito penitenciario.

Accede para su lectura y/o descarga:  Cárcel De Castigo: Historia Y Memoria De Presos De La COPEL, GRAPO Y ETA (1979-1990)

Herrera de la Mancha Prisión de castigo Historia Y Memoria De Presos De La COPEL, GRAPO Y ETA

Las Huelgas De Hambre De Los Presos Políticos del GRAPO Y PCEr en los 80 y 90

 

Las políticas penitenciarias para «presos políticos» en la Transición: el ejemplo de Herrera de la Mancha

Documentos Presxs "políticxs" Vagos y maleantes

Comentamos el marco legal de las posibilidades de excarcelación de las personas presas gravemente enfermas y su interpretación restrictiva por parte de gobernantes y administradores del estado. Hablamos de las luchas de lxs presxs sociales en tiempos de la Transacción «democrática» y de la COPEL.

Cárcel=Tortura Huelga de Hambre Rotativa 2019-2020 Presxs en lucha Radio: Tokata Y Fuga Vagos y maleantes

SINOPSIS

A la muerte de Franco, la democratización del régimen dictatorial no es otorgada graciosamente desde arriba, sino forzada desde abajo por multitud de movimientos reivindicativos que, empezando por las huelgas salvajes organizadas por asambleas, conciben la democracia a su manera. La amnistía, por ejemplo, no se consigue sino después de varios ciclos de movilizaciones callejeras, en enfrentamiento permanente con los antidisturbios y a costa de buen número de muertos. De la movilización espontánea y autoorganizada de los presos sociales reivindicando la amnistía también para ellos, surge la Coordinadora de Presos En Lucha (COPEL), organización horizontal y asambleraria por la que toman la palabra quienes nunca la habían tenido, consiguiendo poner en un brete al Estado durante más de dos años y sacando a la luz la injusticia e inhumanidad fundamental de la máquina social punitiva. Esta es su historia, contada a muchas voces por algunas personas que la vivieron, en diálogo con otras que se interesan por ella aquí y ahora. El relato surge de un debate y una reflexión estratégica, útiles para quienes se plantean en el presente la lucha contra la cárcel.

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